El día que Norris tocó el cielo
El sol caía sobre Yas Marina y el asfalto ardía como un escenario preparado para la historia. Max Verstappen, fiero como siempre, se llevó la victoria con la contundencia de un campeón nato. Pero esa noche, el verdadero protagonista no fue el hombre que cruzó primero la bandera a cuadros, sino el que supo correr con la cabeza fría y el corazón caliente: Lando Norris.
El británico, con un tercer puesto que vale oro, se convirtió en campeón del mundo de Fórmula 1 por primera vez. Apenas dos puntos lo separaron de Verstappen en la tabla, pero esa mínima diferencia bastó para abrir un nuevo capítulo en la historia de McLaren, que no saboreaba la gloria desde 2008.

La carrera fue un duelo de nervios: Verstappen lideró con autoridad, Oscar Piastri escoltó como un futuro gigante, y Norris, calculador, resistió la presión con la serenidad de quien sabe que el título no se gana solo con victorias, sino con constancia. El podio fue un retrato perfecto de la nueva era: Verstappen, el rey desafiante; Piastri, la promesa que ya es realidad; y Norris, el flamante monarca que devolvió a Woking al Olimpo.

Detrás, Fernando Alonso cerró con dignidad una temporada de veteranía brillante, mientras Carlos Sainz y Franco Colapinto se despidieron sin puntos, recordando que la Fórmula 1 es tan cruel como gloriosa.
En definitiva, Abu Dhabi 2025 fue más que una carrera: fue un cambio de guardia. Norris no solo ganó un campeonato, ganó el respeto eterno de la categoría. Y McLaren, tras años de sequía, volvió a ser sinónimo de grandeza.
El rugido de los motores se apagó, pero el eco de esta definición quedará grabado en la memoria del deporte motor: la noche en que Lando Norris se convirtió en campeón del mundo.

