El casco que late en celeste y blanco: Franco Colapinto revive la leyenda del Torino en Nürburgring

18 de octubre de 2025
Internacional

Este fin de semana, Franco Colapinto no solo correrá en Austin: llevará sobre su cabeza una parte de la historia grande del automovilismo argentino. Su nuevo casco, inspirado en la “Misión Argentina” de 1969, es mucho más que un diseño: es un homenaje a la épica de los tres Torino que desafiaron al “Infierno Verde” de Nürburgring y pusieron a la industria nacional en el mapa mundial.

Era otro tiempo. Juan Manuel Fangio, ya retirado de las pistas pero aún figura inmortal, y Oreste Berta, el “Mago de Alta Gracia”, soñaron con demostrar que en la Argentina se podía construir un auto capaz de pelearle a los gigantes de Europa. El resultado fue histórico: tres coupé Torino 380 W partieron hacia Alemania para correr las 84 Horas de Nürburgring, la carrera más larga, más dura y más despiadada del calendario.

Sin asistencia externa, sin boxes abiertos a los milagros, y en un circuito que castiga cada error, los argentinos lograron lo impensado. Durante dos días completos los Torino dominaron la general, haciendo temblar a Porsche, BMW y Ford. Y aunque solo uno —el número 3, con Copello, Franco y Rodríguez Larreta— vio la bandera a cuadros, lo hizo en el cuarto lugar tras más de tres días de combate mecánico y humano. Una hazaña que cruzó fronteras y generaciones.

Cincuenta y seis años después, ese espíritu vuelve a encenderse en el casco de un pibe de 21 años. Franco Colapinto decidió homenajear a aquellos héroes con un diseño que replica los colores del Torino N° 3: blanco limpio, líneas rojas y el escudo argentino sobre la nuca. Es su manera de decir “yo también corro por ellos”.

“Es un guiño al pasado, pero también un recordatorio de lo que somos capaces cuando hay trabajo, unión y fe en lo nuestro”, explicó Colapinto durante la presentación.

El casco no es solo un tributo estético. Es una declaración de pertenencia. Franco, que corre en Alpine y ya se codea con los grandes de la Fórmula 1, sabe que no llegó solo: detrás hay una historia que empuja, una tradición que no se rinde.

La Misión Argentina fue audacia, coraje y orgullo. Hoy, en otro continente y con otro tipo de fierros, ese fuego sigue vivo. Y cada vez que Colapinto baja la visera, la llama vuelve a encenderse.

Porque el rugido del Torino todavía resuena… y ahora lo hace a más de 300 kilómetros por hora.